

India
cuenta con un PIB cuyo crecimiento ha oscilado en torno
al 6%, desde que en 1991 se enfrentó a una grave crisis
de balanza de pagos. Es frecuente ponderar sus
exportaciones culturales (yoga, cine, música) pero,
además, es una potencia en temas tecnológicos. Gracias
a un excelente sistema de escuelas científicas y de
ingeniería, así como a su condición de segundo país
anglófono del mundo, existen unos florecientes sectores
de software, farmacéutico o biotecnológico. Sólo la
ciudad india de Bangalore
produce anualmente tantos ingenieros de informática
como todos los Estados Unidos. Sin embargo, el tópico
de que esta economía es sectorial no es cierto, dado
que su paisaje industrial nos muestra como existen
numerosas pymes de todos los considerados sectores
tradicionales. Todo
ello aunque la India comenzó su transformación económica
casi una década después de China, y a pesar de que sólo
hace relativamente poco tiempo ha centrado la atención
internacional, en gran parte debido al elevado número
de empresas occidentales que la han elegido como destino
en sus procesos de deslocalización. Como dato
relevante, cabría destacar que en el periodo 2000-2004,
el crecimiento de India
superó al de toda la Unión
Económica y Monetaria. Entretanto, este país ha
generado una clase media empresarial con empresas que
han emergido con escaso apoyo institucional, ayudando a
que la economía creciera el 8.3% en 2003, muy por
encima del 4.3% de 2002. Pero los niveles de inversión
extranjera directa en la India -$4.7 billones en 2003,
muy por encima de los $3 billones de 2002- permanecen
todavía muy por debajo de los captados por China. La
ausencia de intervencionismo por parte del gobierno hindú
en los mercados de capitales ofrece un agudo contraste
con China, y su decisión de no regular sectores con
potencial han favorecido la afloración de gran número
de proyectos de emprendedores individuales, mientras que
en el país vecino, las iniciativas se han visto a
menudo cercenadas desde el gobierno chino.
Una
de las principales limitaciones al crecimiento de la
economía hindú ha sido la escasez de capital
extranjero, carencia que contrasta con la abundancia de
este factor para la economía china, y que puede verse
cubierta con el incremento del número de empresas españolas
que decidan establecerse allí, o bien firmen un acuerdo
con empresas indias para producir conjuntamente. El
idioma comercial en la India es el inglés, factor este
que supone otra ventaja competitiva a tener en cuenta
frente a la economía china, país en el que toda relación
empresarial se verá, necesariamente, mediatizada por el
uso de los intérpretes, con la consiguiente barrera
cultural. En
cuanto a la occidentalización de estos países, India
se muestra mucho más permeable al establecimiento de
empresas extranjeras, mientras que China solo ha
manifestado una clara apertura en la franja costera
oriental, concentrándose en esta zona, ya saturada, la
mayoría de las empresas foráneas. Estos
y otros retos serán abordados por expertos de primera
fila, que intervendrán a lo largo de la Jornada, acompañados
por los testimonios de empresas de la Comunidad
Valenciana con experiencias exitosas en este país, tan
desconocido como interesante. Además de ello, las recientes medidas de rallentización de la economía china han trasladado la atención internacional a su país vecino, ajeno éste último a problemas monetarios. |
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